Vinos: la clave es la moderación

Vino… sea blanco, rosado, tinto, seco, suave, semi-seco, vino espumoso o fortificado. A pesar de ser una bebida alcohólica, muchos estudios han afirmado que hace bien a la salud.

¿De donde vienen los vinos?

Los vinos son obtenidos de la fermentación del jugo (también llamado mosto) de las uvas frescas. La fermentación es un proceso bioquímico realizado por microorganismos (levaduras) que convierten los carbohidratos (azúcares) en alcohol, gas carbónico y energía.

En el caso del vino, el proceso es utilizado para la obtención de alcohol a partir de los azúcares del jugo de uva. Cuanto más dulce es la uva, mayor será la concentración de alcohol. El contenido alcohólico del vino puede variar de 10 a 15%, pudiendo alcanzar valores superiores (alrededor de 20%) en el caso de los llamados vinos fortificados, como el del Oporto, el Jerez y el de Madiera.

¿Cómo se clasifican los vinos?

De forma simple, los vinos pueden ser clasificados en 3 categorías:

a) Vino de mesa: sólo sufre una fermentación, alcanzando un grado alcohólico medio.

b) Vino espumoso: sufre 2 fermentaciones, para obtener la mayor cantidad de gas carbónico, responsable de las burbujas.

c) Vino fortificado: recibe durante la fermentación de una cantidad adicional de alcohol (conocida como aguardiente de vino), presentando un grado alcohólico alto.

Composición y Valor Calórico

Los vinos están compuestos, básicamente, por el agua (85 a 90%), alcohol (7 a 24%), ácidos (de 1 a 8%) y azúcar procedente de las uvas (0 a 15%). La cantidad de azúcar puede variar entre menos de 5 g/L en los vinos secos, hasta 5 a 20 g/L en los semi-secos y más de 20 g/L en los suaves y dulces.

Vino y salud

Muchos estudios han afirmado que el consumo de vino, especialmente el tinto, protege nuestro cuerpo de diversas enfermedades, principalmente las relacionadas con el corazón. El ejemplo más famoso es el de Francia, en la que siempre ha existido el hábito de consumir de una a dos copas de vino al día: a pesar de no presentar factores de riesgo (nivel de colesterol en la sangre, presión arterial, obesidad, tabaquismo y sedentarismo) menores que los de otros países industrializados, la incidencia de problemas cardiovasculares es increíblemente pequeña. Este hecho fue señalado por los estudiosos como la “paradoja francesa”.

Sin embargo, entre la comunidad científica, hay investigaciones que no están de acuerdo estos estudios afirmando que los menores índices de enfermedades cardiovasculares entre los franceses pueden estar relacionados no sólo a los factores dietéticos, sino también al estilo de vida de esa población.

Vale la pena recordar que la mayoría de los expertos afirma que las propiedades beneficiosas del vino provienen, principalmente, de las uvas, ya que son ellas las que contienen los elementos de “promotores de salud” como:

  • Flavonoides: ejercen efectos antiinflamatorios y antioxidantes – especialmente contra la oxidación de los ácidos grasos (lípidos) que resulta en la formación de radicales libres, responsables de los fenómenos de formación de la aterosclerosis y la trombosis.
  • Procianidinas: aumentan la resistencia de las fibras de colágeno, ejerciendo un efecto protector sobre las paredes de los vasos sanguíneos.
  • Resveratrol: disipa las plaquetas, aumenta la tasa de colesterol HDL (o colesterol bueno) y actúa dilatando los vasos sanguíneos.

Sin embargo, se debe destacar que el consumo diario de frutas y verduras que también facilita la absorción de estas sustancias inhiben de forma efectiva a las reacciones oxidativas perjudiciales a las células y la disminución de los riesgos para las enfermedades del corazón.

El consumo moderado equivale a un máximo de dos copas de vino al día. Hay evidencias, sin embargo, de que el consumo excesivo de alcohol asociado a factores de riesgo (obesidad, colesterol alto, hipertensión) puede tener el efecto contrario, o sea, puede favorecer las enfermedades cardiovasculares. Así, el uso indiscriminado de bebidas alcohólicas, incluido el vino, por razones de salud, no debe ser alentado. Estudiosos advierten que el alcohol aumenta el riesgo para el desarrollo de cáncer de mama y de intestino grueso, siendo un motivo para desaconselhar su uso.

Según la American Heart Association (Asociación Americana del Corazón), para quien desee prevenir enfermedades del corazón no hay nada mejor que las prácticas probadas a lo largo del tiempo, o sea, tener una dieta saludable, ejercicio regular y el peso adecuado. Por lo tanto, no existe motivo para recomendar una bebida alcohólica para disminuir los riesgos para estas patologías.

Valor calórico del vino:

Desde el punto de vista nutricional, el alcohol es la sustancia más calórica presente en el vino. Aporta 7 Kcal por gramo, mientras que el azúcar aporta 4 Kcal/g.

En general, las botellas de vino que contiene 750 mL y la gran mayoría de ellos tienen aproximadamente el 12% de alcohol. De este modo, se concluye que una botella contiene aproximadamente 90 g de alcohol, los cuales proporcionarán 630 calorías (esto sin considerar la cantidad de azúcares). Una copa de vino (con 12% de alcohol), con alrededor de 200 mL, tiene cerca de 24 g de alcohol, lo que resulta en 168 calorías. Estos cálculos son referentes al vino del tipo “seco” – sin azúcar o con mínima cantidad de azúcar.

Con respecto a los vinos del tipo “suave” o “semi-seco”, se añade un 10% al total de calorías calculadas para el “seco” y, en el caso del tipo “dulce”, añade el 20%. En estos casos, existe una presencia significativa de azúcar, haciendo que el vino cuenta con más calorías.

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