Quiero adelgazar pero siento que no he comido

Las personas no desayunan nunca solas. Observa esto en los restaurantes o incluso en su casa. El compañero inseparable de las comidas en la actualidad es el teléfono celular, con conexión a Internet, claro.

El almuerzo se volvió el mejor momento para navegar por Facebook, WhatsApp, Instagram, etc. Imagina, entonces, la cantidad de información que pasa por tu mente en esos momentos que deberían ser de tranquilidad, y pregúntate: ¿cuál es el sabor de la comida? En otras palabras, no sabemos cuánto ni qué nos llevamos a la boca.

Cuando nos preparamos para la comida, el gusto, el olfato, la vista, el oído y el tacto se dedican a apreciar el rito del consumo de la comida. Al conectarnos a nuestros aparatos electrónicos, buena parte de nuestra atención y de los sentidos se mueve a la pequeña pantalla. Allí nuestra mente viaja, sale de nuestro cuerpo, entra en historias, crea realidades paralelas y se remonta al pasado.

Ese simple hecho activa regiones del cerebro vinculadas a los sentimientos de ansiedad y depresión. El resultado es que estos centros neurológicos son también las áreas que controlan el hambre y la saciedad. Por eso no es una sorpresa que las comidas pasen sin dejar marcas, y si alguien pregunta si recuerda lo que comió, probablemente no sepa responder. En estas circunstancias, sabor, aroma, textura y afines poco influyen en la sensación de saciedad.

Desayunan con el teléfono móvil en la mano

Desayunan con el teléfono móvil en la mano

Yo te invito, lector, a un simple, que no requiere reserva ni billete de avión. En tu próxima comida, coloca una venda en tus ojos. Prueba a comer sin ese sentido. No tengo duda de que será una experiencia muy distinta.

También me llama la atención el hecho de que las madres permiten que sus hijos pequeños almuercen y coman delante de los teléfonos móviles, tabletas y televisores. Seguro que lo hacen con la más noble de las intenciones. La “hipnosis” generada en estas situaciones, sin embargo, hace que el niño abra la boca, trague la cucharada y listo…ha terminado de comer.

Recuerdo a mi abuela diciendo: “No dejes la comida en el plato. En algún lugar del mundo hay niños muriendo de hambre.” Básicamente, al comer interactuando con algún dispositivo electrónico, presente dos graves problemas: 1) comemos más de lo que necesitamos; 2) el supuesto niño hambriento continuará con hambre.

Finalizó con una sugerencia. En las comidas que hagas de aquí en adelante, deja tu smartphone en casa o en la oficina. Si el apego es grande, disfrute de un almuerzo con él en el bolsillo o en el bolso (y en modo silencioso). Tal vez en el primer día se produzca una crisis de abstinencia. Pero, créeme, si repites esta actitud, la angustia pasará.

Ahora, sí, ¡buen apetito!

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