El poder del ejercicio para el tratamiento de 16 problemas de salud

La actividad física es prescrita para hacer frente a enfermedades serias, que van desde diversos tipos de cáncer, la diabetes, enfermedad de Alzheimer, entre otras. Conoce por qué los profesionales apuestan por los efectos terapéuticos que promueve.

Desde 1952, cuando los científicos británicos descubrieron que los conductores de autobuses eran más propensos a sufrir enfermedades del corazón (y aumentando gravemente las tasas de infarto entre los mismos), la medicina moderna ha abierto los ojos para prevenir una larga lista de enfermedades de la más diversa índole que se relacionan con el sedentarismo. Aún en la conclusión de este estudio, el epidemiólogo Jeremy Morris anticipó: “Cuando surge, la enfermedad cardíaca es menos severa en personas que se mantienen activas”.

A pesar de los resultados de este y otros estudios, el uso terapéutico del esfuerzo físico sólo ganó espacio recientemente. “Si en el pasado un infartado quedaba en cama por meses, hoy programamos ejercicios en los días siguientes al incidente para poder rehabilitarlo en el menor tiempo posible”, afirm Marcelo Mansilla, director de la Sociedad Brasileña de Medicina del Ejercicio y del Deporte.

Esta ruptura del paradigma va más allá de la cardiología. Desde la diabetes a la esclerosis múltiple, en este artículo te presentamos 16 males que pueden ser combatidos efectivamente al “sudar la camiseta”.

Los datos que relacionan estas enfermedades y su mortandad con un estilo de vida sedentario, señalan que 1,6 millones de personas murieron el año pasado debido al sedentarismo, un aumento de 19% en relación a 2005. “Y los resultados subestiman la inactividad, ya que no consideran todas las enfermedades asociadas a ella”, dice el educador físico Pedro Hallal, profesor de la Universidad Federal de Pelotas (RS).

Mayores haciendo deporte

Mayores haciendo deporte

1 – Diabetes

Es el exceso de glucosa en la circulación de la sangre. Mantener el cuerpo en movimiento, no sólo ayuda a utilizar las sobras de azúcar que se quedan vagando por la sangre, sino que también favorece la acción de la insulina, la hormona que abre las puertas de las células para la molécula ente y se transforme en energía.

“Curiosamente, la actividad física reduce la glucosa en sangre por vías paralelas a las de los tratamientos médicos”, cuenta Bruno Rodrigues, director del Departamento de Educación Física de la Sociedad de Cardiología del Estado de São Paulo. En otras palabras, las tácticas se complementan y así se minimiza el riesgo de daños a los ojos, los riñones, corazón, y otros órganos.

En la prevención

• Las prácticas aeróbicas (caminata, bicicleta, carrera, natación, entre otras) serían las más eficaces para mantener la glucosa en sangre siempre bajo control.

En el tratamiento

• Sincronizar las dosis y el horario de los remedios con los entrenamientos.

• Lleva una bolsita de azúcar y utilízala en caso de hipoglucemia.

2 –Hipertensión arterial

De acuerdo con una de las encuestas divulgadas en The Lancet, esta es la condición que más provoca problemas de salud entre la población, ya sea por causar muertes, ya sea por provocar limitaciones significativas. Ahora considera que en seis meses de entrenamiento se produce una caída de 5 a 7 milímetros de mercurio en la presión sistólica (el primer número de la medida), y que una hipertensión leve presenta un valor de 150 cuando debería estar, como máximo, en el 130.

Ahora bien, no parece ser una reducción tan significativa, ¿verdad? Error. “Con 4 milímetros de mercurio a menos, ya se puede observar el riesgo de un accidente cerebro vascular caer en un 15%, y el de un infarto, en un 10%”, dice Rodrigues. Simplemente con estos datos, cualquier persona debería ver un gran beneficio en la práctica de actividad física.

Las dosis frecuentes de actividad instigan a la producción interna de óxido nítrico — gas que relaja la pared de las arterias —, fomentan la creación de nuevos vasos que facilitan la circulación, se sincronizan las neuronas para que provoquen la dilatación de los tubos sanguíneos sin problemas, entre otros beneficios. “Los ejercicios atenúan también otros factores de riesgo, como la obesidad, la diabetes y el colesterol alto, que se unen a la hipertensión para acelerar la aparición de problemas cardiovasculares”, razona Cochinillo.

En la prevención

• Busca seguir la recomendación de entrenar por lo menos 150 minutos a la semana.

• Evita permanecer largos periodos de tiempo sentado. Levántate de hora en hora (busca un café, camina por unos minutos, platica con un amigo).

En el tratamiento

• Apostar en las modalidades que dan aliento.

• No sostengas el aire durante un ejercicio para evitar picos de presión — esto ocurre en sesiones intensas de entrenamiento con pesas.

3 – Colesterol alto

Las tasas de colesterol hasta caen con los ejercicios aeróbicos. Sin embargo, la gran ventaja de “alejarnos del sofá” es mejorar el perfil de las partículas de grasa que se mueven por el organismo y se vuelven menos densas y, así, poco habituadas a fijarse en las venas y las arterias. Aunque no pueda notarse de la mejor manera este beneficio en los exámenes, se disminuye el riesgo de coágulos.

En la prevención

• La mayor reducción en las fracciones de colesterol parece venir de prácticas intensas. Si es posible, aumenta el ritmo.

En el tratamiento

• Como en otros problemas de salud que agreden al corazón y, en general, al sistema circulatorio, es importante consultar a un médico antes de apretar el paso.

4 – Obesidad

Ponerse en movimiento adelgaza y evita el “efecto rebote”. Por encima de esto, cesa las consecuencias del exceso de peso. “Un obeso activo tiene menor riesgo de sufrir males cardiovasculares que una persona delgada, pero sedentaria”, informa la endocrinología de Cintia Cercato, presidente de la Asociación Brasileña para el Estudio de la Obesidad y del Síndrome Metabólico.

En la prevención

• Progresar en los entrenamientos para asegurar un buen gasto energético.

• No consumas alimentos altamente calóricos, en especial no después de practicar actividad física.

En el tratamiento

• Comienza con la actividad lentamente y evoluciona poco a poco.

• Modérate en las actividades de impacto para no lastimar las articulaciones.

5 – Cáncer

Un artículo de finales de 2015 provocó revuelo entre los profesionales de la salud que luchan contra esta enfermedad. Sostenido por 71 trabajos, reveló que las personas que se ejercitaron en intensidad moderada — cerca de tres horas por semana — después del diagnóstico de un tumor, mostraron un riesgo 35% menor de morir de esa causa.

“También están apareciendo estudios que vinculan la actividad física a una menor incidencia de desarrollar un segundo cáncer de mama entre las supervivientes”, relata Hallal. Además de aparentemente vivir más, los pacientes que no abandonan la actividad física viven mejor. “Ciertos medicamentos contra los tumores provocan cansancio, un síntoma que tenemos dificultades para resolver. Afortunadamente, los ejercicios son un excelente recurso para trabajar en su contra”, explica el oncólogo Laura Frente, de la Sociedad española de Oncología Clínica.

No, no has entendido mal: en la actualidad se recomienda salir del sedentarismo durante la fase aguda del tratamiento. La actitud incluso podría llegar a controlar los estragos de la quimioterapia sobre el corazón, lo que es una ventaja tanto para quien superó la enfermedad y tiene toda la vida por delante, como para quien se encuentra en peno tratamiento. “Pero este no es el momento de fijar metas audaces. Cualquier práctica física ya ayuda y debe ser supervisado por un especialista”, comenta Laura.

En la prevención

• Directrices internacionales piden 75 minutos de actividad vigorosa o 150 de moderada a la semana.

En el tratamiento

• Nunca te ejercites sin autorización médica, ya que podría ser contraproducente.

• Realiza actividad física, sobre todo, cuando las reacciones adversas de las drogas sean ligeros y llevaderas.

6 – Enfermedades respiratorias

Entre los males no transmisibles, las enfermedades respiratorias sólo se quedan atrás en el número de muertes de los problemas cardiovasculares y los tumores. Dentro de este grupo de enfermedades, destaca la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).

Ésta es una especie de inflamación crónica de los pulmones desarrollada a partir del consumo de tabaco o de la inhalación continua de contaminantes que culmina en la tos y en la falta de aire (o en la sensación de asfixia). Hoy en día, el sedentarismo es reconocido como uno de los factores que más pueden atentar contra la longevidad de sus portadores.

“Por otro lado, las personas que sufren de esta enfermedad pasan, en promedio, el 90% del tiempo que están despiertos en posición sentada. Esto porque, entre otras razones, tienen miedo de empeorar la condición”, describe el educador físico y fisioterapeuta Celso Fernandes de Carvalho, de la Universidad de São Paulo (USP).

Una pena: superar la dificultad inicial de realizar un esfuerzo suaviza los estragos de la EPOC. “El proceso inflamatorio contribuye a la debilidad muscular. Al contratacar esto, las actividades físicas dan aliento, independencia y mejoran considerablemente la calidad de vida”, destaca Oliver Nacimiento, neumólogo de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp).

Lo importante es, sobre todo en casos avanzados, llevarlas a cabo junto con un profesional. Con el pasar de los meses, se gana autonomía. En el asma, los beneficios también son enormes, en especial para escapar de sus síntomas estresantes. Ahora, no te olvides de la bomba de oxígeno— ya que puede ser de gran ayuda (e incluso salvar la vida) cuando una crisis aguda surge en medio del entrenamiento.

En la EPOC

• Si la situación es grave, realiza ejercicios de intervalo — dos minutos de paseo y de descanso, por ejemplo.

En el asma

• Ten cuidado al entrenar en un ambiente muy caliente, frío, con demasiado polvo o con un olor fuerte.

7 – Cirrosis

Este daño en el hígado que compromete su funcionamiento puede ser resultado de diversos factores, entre ellos la acumulación de grasa ligado a la obesidad — a esto se le da el nombre de esteatosis hepática, no alcohólica.

Luego, es hasta obvio imaginar que, al quemar más calorías y adelgazar, un sujeto evitaría este problema de salud. Pero los estudios comienzan a indicar que el movimiento trabaja contra este mal incluso cuando no se llega a perder peso.

En la prevención

• Prueba modalidades de actividad física que queman grasa; es decir, ejercicios aeróbicos, como correr, practicar ciclismo o natación.

En el tratamiento

• Combina prácticas aeróbicas con prácticas de musculación y siempre mantén un ojo en la báscula.

8 – Enfermedades renales

La diabetes y la hipertensión patrocinan un sinfín de trastornos y enfermedades de los riñones. En otras palabras, el simple hecho de bajar la presión y regular la glucosa presente en la sangre blinda el doble de organismos filtradores. “Sucede que los ejercicios también reducen la degeneración de las fibras musculares, algo común entre los pacientes”, cuenta Enrique Mansur, educador físico del Instituto Federal del Sudeste de Minas.

En la prevención

• Como el punto central es ahuyentar la diabetes y la hipertensión, puedes practicar actividades como el ciclismo, fútbol, senderismo, carreras, entre otros.

En el tratamiento

• Tómate el tiempo necesario para hacer ejercicios que implican el levantamiento de peso.

9 – Osteoporosis

La debilidad de los huesos suele aparecer a partir de los 50 años. Sin embargo, es en la infancia y en la juventud que podemos combatir y revenir este padecimiento con mayor efectividad. “En las dos primeras décadas de vida, hemos acumulado masa ósea para el resto de ella”, enseña el reumatólogo Fabio Jennings, coordinador de la Comisión de Rehabilitación y Ejercicios Físicos de la Sociedad Brasileña de Reumatología. “Y las actividades de impacto son fundamentales en ese sentido”, remata.

Los saltos y las pasadas repetitivas — así como la musculación — generan un estímulo que impulsa el depósito de calcio en los huesos y reduce el ritmo de degradación de las células óseas. De ahí por qué debemos estimular a los niños a realizar actividad física y jugar al aire libre.

Sin embargo, los adultos también combaten el proceso de pérdida de masa ósea al vencer el sedentarismo. Más que eso, mejoran el equilibrio y la prevención de caídas.

“Fortalecer la musculatura para que se sostenga bien el cuerpo y hacer deportes que trabajan la coordinación son excelentes estrategias para evitar y combatir los males asociados con la osteoporosis”, aconseja Jennings.

Una revisión de la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, certifica que mantenernos en movimiento disminuye el riesgo de una fractura de cadera en un 45% en los hombres y un 38% en las mujeres. Y esto entre las personas mayores con el marco debilitado. Sin embargo, no se recomienda comenzar el entrenamiento por cuenta propia cuando la osteoporosis ya se instaló: hay casos en que las actividades físicas aumentan considerablemente el riesgo de una fractura.

En la prevención

• Utiliza el impacto como aliado (o mejor dicho, la falta del mismo). La natación y el ciclismo, por ejemplo, no dañan mucho los huesos, debido, precisamente, a la ausencia de impacto (además de proteger las articulaciones).

En el tratamiento

• Invierte en el culturismo y el habla con los expertos sobre cómo mejorar tu equilibrio.

10 – Epilepsia

La Liga Internacional Contra la Epilepsia lanzó un informe sobre la realización de deportes entre las víctimas de este trastorno, marcado por las emisiones eléctricas anormales entre las neuronas, lo que provoca convulsiones.

“Los epilépticos suelen ser orientados a no ejercitarse, en general, por miedo, sobreprotección o ignorancia. Pero las evidencias sugieren que el hábito favorece el control de las crisis y mejora diversos aspectos psicosociales”. Uno de los autores del dictamen, el neurocientífico Ricardo Arida, de la Unifesp, menciona que prohibir la actividad física en estos casos es contraproducente. “Moverse regula las descargas entre las células nerviosas. En los animales, la reducción de la cantidad de convulsiones llega a 50%”, señaló.

No obstante, siempre debemos consultar con un neurólogo para ver cuáles son las modalidades de actividad física más adecuadas y las que implican riesgos en función de cada marco.

En el tratamiento

• No te involucres con prácticas radicales, como la escalada o el automovilismo, sin el aval de profesionales.

• Se puede apostar por la natación, pero sólo con la constante supervisión de un profesor.

• Se deben de priorizar los ejercicios aeróbicos.

11 – Artritis reumatoide

El ejercicio reduce el dolor, conserva la capacidad funcional e incluso protege contra fallas cardíacas más frecuentes en esta población. Anexo: un trabajo sueco ha puesto en evidencia que las mujeres activas tienen un riesgo 35% menor de manifestar la enfermedad. Es señal de que las prácticas corporales pueden llegar a prevenirla.

En la prevención

• Aún no hay resoluciones definidas. El consejo es fortalecer los músculos que rodean las articulaciones.

En el tratamiento

• Individualiza el entrenamiento según las limitaciones. Si se te dificulta abrir botellas, por ejemplo, enfócate en las manos y en el antebrazo.

12 – Sida

Hay una posibilidad, aún en debate, de que los deportes fortalecen el sistema inmune de sujetos con VIH. “Además, la actividad física eleva el autoestima, además de alejar los problemas cardiovasculares, que son más comunes en virtud del cóctel antirretroviral”, señala Luis Fernando Deresz, educador físico de la Universidad Federal de Juiz de Fora (MG).

En el tratamiento

• Combina entrenamientos aeróbicos, buenos para el pecho, con los que no dejan a los músculos perderse (anaeróbicos).

• Mantén un ojo en la carga viral y comienza con precaución para no dañar la inmunidad.

13 – Parkinson

“Una vez que el paciente llega con este problema, los temblores no son algo que logramos contener tan efectivamente con ejercicios”, introduce la fisioterapeuta Erika Okamoto, de la Asociación Argentina Parkinson. “Sin embargo, contribuyen a mejorar la lentitud de los movimientos, a combatir la rigidez muscular y a la inestabilidad de la postura”, destaca.

Basados en esto, ella y otros expertos de la entidad publicaron un manual con actividades motoras simples destinadas a contrarrestar los efectos de esta condición. Unas están orientadas a la respiración, otras para conservar el equilibrio y la marcha, algunas para que el momento de tomar un baño o vestirse sea lo más natural posible.

He aquí que, en las primeras páginas del documento, aparece una sugerencia importante: ejecutar todos los gestos con la amplitud máxima. “Esta táctica, que debe ser incorporada en el paseo, en el gimnasio o donde sea, ayuda a evitar esa rigidez muscular”, que enseña a Erika.

Esto explica el motivo por el cual las sesiones de estiramiento merecen un espacio permanente en la agenda de los portadores de Parkinson. Un último recado implica a los medicamentos. Lo ideal es sudar la camisa mientras están actuando. Sin la acción de los remedios, puede ser complicado realizar ciertos movimientos con velocidad y precisión.

En el tratamiento

• Cuando sea posible, hacer ejercicio cerca de un lugar donde puedas apoyarte, o cuenta con alguien al lado en caso de necesidad.

• Trabaja todo el cuerpo para mantener una buena postura.

• Prueba caminar sosteniendo bastones para estimular los brazos.

14 – Uso de drogas

Mientras que la prevalencia de tabaquistas ha caído más de un 25% de 1990 a 2015, la de usuarios de drogas (sin contar a los alcohólicos) subió en la misma proporción. Y, aunque tenemos mucho que aprender en cuanto a las cuestiones específicas — como la de que el ejercicio es más positivo para cada dependiente químico —, desde 2012 las directrices del Instituto Nacional de Abuso de Drogas de los Estados Unidos incluyen la actividad física como parte del tratamiento.

“Tenemos buenos indicativos de que extiende el período de abstinencia, por ejemplo”, ilustra Angélica Adamoli, educadora física del Hospital de Clínicas de Porto Alegre. Para cosechar los beneficios, lo correcto es dejar la pereza por lo menos tres veces por semana; sin embargo, Angélica destaca que varios pacientes informan de una menor voluntad de recurrir a un narcótico a la hora que se calzan las zapatillas y empezar a correr. “Todavía tenemos que estudiar esto a fondo, pero una sesión puntual tal vez pueda contribuir contra la ansiedad y las recaídas”, concluye.

En la prevención

• Prueba diferentes modalidades. Al encontrar placer en una actividad física, el riesgo de recurrir a las drogas disminuye.

En el tratamiento

• Habla con un experto para eludir las limitaciones impuestas por la adicción.

• Mantén la adherencia al entrenamiento. Esto reduce el riesgo de recaída.

15 – Alzheimer

No es que el senderismo o las brazadas bajo el agua harán a alguien recuperar los recuerdos perdidos para esta u otras demencias. “Lo que sí pueden hacer, es retardar la progresión del daño”, afirma el neurólogo Sonia Brucki, de la USP. En experimentos de ella y de sus compañeros de clase, exámenes mostraron incrementos en el funcionamiento cerebral de los enfermos que llevaron a cabo algún ejercicio.

En la prevención

• Busca consolidar un día a día activo a lo largo de la vida entera, con paseos en el parque, caminatas, etc.

En el tratamiento

• Inviertae en las prácticas aeróbicas, las más consolidadas en el mundo científico. Concéntrate en los movimientos ejecutados.

16 – Esclerosis múltiple

La esclerosis múltiple conduce a la destrucción gradual de algunos grupos de neuronas, afectando la locomoción, la visión, la autonomía… “, con el 40% de los pacientes informando de fatiga. Los ejercicios pueden combatir los síntomas”, afirma el neurólogo Douglas Sato, del Instituto del Cerebro (RS). Salir del sedentarismo también garantiza fuerza muscular e independencia.

En el tratamiento

• Apuesta por el aeróbic y sus variantes acuáticas. La piscina facilita el movimiento.

• Busca orientación. La rehabilitación ayuda mucho a mantener la musculatura y la capacidad de moverse.

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