9 pasos para una infancia bien nutrida

Seamos sinceros: a veces es difícil hacer que un niño pruebe un alimento nuevo y saludable. A continuación te mostramos algunos trucos basados en la ciencia para comer mejor.

Una investigación llevada a cabo con casi 75 mil adolescentes mostró que el 25% están por encima del peso considerado saludable, según su talla y complexión. Para evitar que los niños de hoy sigan la misma tonada, es fundamental cuidar los hábitos de alimentación desde temprana edad. Aprende lo que funciona en la batalla a la mesa.

1. No mientas sobre el alimento

El niño ama la patata y odia la zanahoria. En ocasiones como ésta, muchos padres conciben un plan más o menos como el siguiente: “Voy a decir a mi hijo que la zanahoria es un tipo de patata, sólo que proviene de otro lugar”. ¿Y sabes lo más gracioso? Muchas veces funciona.

Sin embargo, debido a estas pequeñas mentiras, el vínculo de confianza entre padres e hijo comenzará por no ser el mismo. “Es probable que el niño no desee ver toda esa comida en la mesa”, advierte la nutricionista Gabriela Maximino, del Centro de Dificultades Alimentarios del Hospital de Niños Sabará, en São Paulo.

Sin hablar del miedo de probar nuevos ingredientes. En experimentos llevados a cabo en la Universidad de Toronto, en Canadá, el investigador Kang Lee descubrió que engañar a los pequeños siempre se hará que se termine viendo a los adultos (y en especial a los padres) como mentirosos.

2. Sé firme delante de la rabieta

La trama del drama muchas veces comienza con en voz baja, rechazando el plato de comida. En poco tiempo, el niño tendrá hambre. La historia termina con los padres cediendo el premio deseado. “Es una etapa difícil, que requiere de paciencia; de lo contrario, el niño se acostumbrará con este hábito”, dice la nutricionista Renata Bressan, de la Asociación Brasileña para el Estudio de la Obesidad y del Síndrome Metabólico (Abeso). “Si no quiere el almuerzo, por ejemplo, debe esperar el aperitivo”, orienta.

Créeme: es lo mejor para tu hijo. Científicos de la Universidad de Stanford, en los Estados Unidos, acompañaron a 150 bebés hasta los 9 años y medio y vieron que la rabieta en relación a la comida es uno de los factores que más afectan al aumento de peso.

3. No le des un dulce como recompensa

Prometer un chocolate como postre es una de las estrategias más clásicas para hacer el niño decida terminarse sus alimentos. Pero los expertos advierten que usar este tipo de alimento como forma de premiar o castigar es un error muy grave. “Esta actitud perjudica la relación de los niños con la comida”, afirma la nutricionista Ana Beatriz Barrella, la RG Nutri Consultoría, en São Paulo. Ahora bien, el pequeño entenderá que el plato de arroz, frijoles, ensalada y carne es tan malo que tiene que ganar un dulce como trofeo por comerlo.

Lo peor es que muchas veces puede quedar lleno; y termina por comer de más sólo para no quedarse sin el premio. Según estudiosos de la Universidad de Aston, en el Reino Unido, el comportamiento también eleva el riesgo de que los niños recurran a la comida para lidiar con sus emociones a lo largo de la vida, algo que favorece la obesidad.

4. Apaga la tv y vayan a la mesa

Colocar al pequeño delante de las pantallas puede hacer las porciones de alimentos entren en la boca desapercibidas. Sólo que esta táctica cobra un precio. “El niño no aprende a darse cuenta de la sensación de saciedad. Así que come más de lo que necesita, un mal hábito que puede conservarse para toda la vida”, dice la nutricionista Liliana Raymundo, profesora de la Pontificia Universidad Católica de Paraná (PUCPR). Lo correcto es que toda la familia desayune o coma en la mesa, por lo menos una vez al día.

Además de prestar atención a los alimentos, se puede seguir el ejemplo de los padres. ¿Te has dado cuenta de que muchas veces el niño llega a pedir el plato de un familiar? “Si es el caso, cámbialo con el pequeño. Hasta para mostrar que es la misma comida”, aconseja Ana. Claro: la comida de todos debe ser balanceada. Si el padre hace mala cara a la lechuga, no se puede esperar otra cosa de su hijo.

5. Va a haber lío. Sé paciente

Acomodar a los niños y niñas alrededor de la mesa es el primer paso. Después, tienes que aceptar el hecho de que los más nuevos no tienen una coordinación tan buena. “Los niños pequeños quieren coger la comida con la mano. Y eso es parte del aprendizaje”, explicó la pediatra Virginia Weffort, presidente del Departamento de Nutrologia de la Sociedad Brasileña de Pediatría (SBP). La cuchara puede estar al lado, a la disposición para los entrenamientos.

Pero lo importante es permitir que los niños sientan la textura, la temperatura y la forma de la comida. La suciedad, no existe otra forma, acompaña este proceso. Sólo respira hondo y deja rodar. “Si los padres se estresan y enojan por causa del desastre, el niño relacionará el momento de la comida a peleas y conflictos”, advierte la profesora de la PUCPR. De ahí que la mesa y la hora de la comida sean vistas, en ocasiones, como un campo de guerra.

Niños bien alimentados

Niños bien alimentados

6. Ofrece más de una vez

“Mi hijo no come eso” ¿Cuántas veces has escuchado esta frase? Ahora, sé honesto: ¿cuántas veces le ofreciste tal la comida? Si la respuesta es menos de 15, los estudios muestran que no es posible conseguir el disgusto por este elemento. Y no sirve de nada servirle siempre de la misma manera. “La zanahoria, por ejemplo, puede ir a la mesa en forma de ensalada rallada y cruda o cocida. También se puede preparar en jugo o incluir en la carne molida de res salteada”, describe Gisele.

Sólo no busques camuflar el vegetal. “La relación de confianza es muy importante”, refuerza. La pediatra Virginia aún que cuanto más temprano el niño se encuentre con esta diversidad, mejor. Esto porque en los 2 o 3 años, es natural rechazar ingredientes nuevos – situación llamada neofobia. Y, si el paladar está apurado, los padres sufrirán menos en esta fase.

7. Establece una rutina alimentaria

Es importante que el niño entienda que tiene que hacer el desayuno, la merienda, etc. “Ahora bien, si el almuerzo tendrá lugar al mediodía o a las 13 horas, se debe de respetar”, dice Rachel Machado, del Centro de Dificultades Alimentarias del Sabará. Ella cuenta que, por mucho tiempo, se defendió el establecimiento de un horario rígido para cada comida. “Hoy creemos que este modelo no respeta el hambre de los niños”, aclara.

Lo que no significa que está bien servir el almuerzo hasta las 16 horas. Lo crucial, según Rachel, es no dejar que el niño pase más de tres o cuatro horas con el estómago vacío. Inclusive porque esto lleva a hábitos poco saludables. Pero, si necesitas retrasar la cena un poco para que esta comida sea hecha en familia, el motivo es más que justo.

8. Incluye a los niños en las decisiones

Considere el supermercado como un aliado. El interés por la comida muchas veces surge en estos entornos, ya que los alimentos no son conocidos por el niño.

Ahora bien, imagina padres a los que no les gusta de uva. Difícilmente aparecerá en la lista de las compras, ¿verdad? “Y la ocasión de las compras es la oportunidad para que los niños puedan mirar y conocer estos alimentos, que se sientan curiosos y deseen probarlos”, razona Ana, de la RG Nutri.

En casa, otra actitud elegante es dejar que tu hijo participe de la preparación. En su investigación con niños de 6 a 10 años, un equipo del Centro de Investigación Nestlé en Suiza, señaló que los niños que ayudaron a sus padres en la preparación de los alimentos, ingirieron 41,7 gramos más de ensalada en relación al grupo que esperó el plato listo. “Lavar las hojas es una tarea sencilla y que puede motivarlos a comer determinado vegetal”, dice Virginia.

9. No pidas que el niño termine con todos los alimentos

Se trata de algo que trasciende generaciones: el niño se tiene que comer todo. Pues este comportamiento es totalmente rechazado por los especialistas. “Esto hace que el niño no respete la señal de saciedad. Con el tiempo, se pierde el control en ese sentido”, analiza Renata, la Abeso. Y ahí las consecuencias son desastrosas, como muestra de un trabajo de la Universidad de Illinois, en los Estados Unidos.

En él, fueron entrevistados 497 padres con niños de 2 o 3 años. Al analizar los datos, los científicos se dieron cuenta de que pedir que terminaran con todos los alimentos del plato, eleva el riesgo de obesidad entre los niños y las niñas. Fuera de que muchos adultos montan comidas enormes, incompatibles con el tamaño del hijo. “Lo ideal es poner poco. Si el niño quiere más, entonces pedirá”, asegura Gisele.

Mas informacion sobre este tema

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

DietasSanas.es utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies