El congrio, un pescado feo pero delicioso

Hay pescados que, por una o bien otra razón, no nos resultan ni simpáticos ni atractivos; puede ser por su forma, su aspecto o bien, en muchas ocasiones, por su alto contenido en incómodas espinas que complican mucho su degustación. Más los cánones de belleza del planeta subacuático no tienen por qué razón ser coincidentes con los terrestres. Hay peces muy, muy feos que están muy ricos, como el rape o bien el pejesapo, el cabracho, rascacio, la escorpena y varios más. Hoy hablamos del congrio.

En estos casos, sí que cabría aplicar al pie de la letra el consejo que dice que no se debe juzgar un libro por su portada. La versión de un libro con portada poco sugerente y también interior complicado, mas muy, pero muy interesante sería en el planeta de los peces y pescados, el congrio.

Sin ser espantoso, como los ya antes convocados, no es exactamente bonito; recuerda una víbora de regular tamaño, y las víboras solo les resultan atractivas a los herpetólogos expertos en ofidios. Encima, su interior está lleno de espinas y espinas, de las traidoras, que aparecen donde uno menos se lo espera. Más está muy rico.

Ilustración de un congrio

Ilustración de un congrio

En la Edad Media europea fue un pescado muy apreciado; bien es cierto que, lejos del mar, se consumía seco. J. R., arcipreste de Hita y autor del “Libro de buen amor”, charla de congrios secos y frescos y los hace intervenir en la batalla de Don Carnal y Doña Cuaresma; E. de Villena, en su Ars Cisoria, mienta solo el congrio cecial. El día de hoy se charla poco del congrio. Es un pez de hábitos esencialmente nocturnos, que a lo largo del día agrada de cobijarse en las cavidades de las rocas. Eso sí, cuando sale de ellas hace gala de una enorme vitalidad, unida a una voracidad voraz. Prefiere comer crustáceos, pulpos y pescados de fondo; esa dieta podría explicar la delicia de sus carnes.

Si bien lo normal es que no pase del metro o bien metro y medio de longitud, puede lograr hasta los cuarenta kilogramos de peso y, aunque no acostumbra a agredir por las buenas, puede resultar peligroso cuando se siente acosado o bien una vez atrapado. Con un congrio pueden hacerse muchas cosas ricas. Hay que tener en consideración, ante todo, que en su cuerpo se distinguen 2 zonas bien definidas: la más cercana a la cabeza o bien “abierta” y la vecina a la cola o bien “cerrada”; la segunda es casi incomestible por la enorme cantidad de espinas que contiene, lo que no le impide ser base de muy sustanciosas sopas de pescado.

En lo que se refiere a la parte “abierta”, lo mejor es prepararla de una forma muy sencilla: frita. Supriman la piel, corten el pedazo escogido en dados del tamaño que deseen y, eso sí, pásenles una gaceta estricta para suprimir todas y cada una de las espinas. Un consejo: cuando vayan a cocinar pescados de mar, intenten ponerles la sal con bastante antelación, aun la noche precedente de prepararlos: su sabor gana mucho, pues “toman” bien la sal, esa sal que, disuelta en agua, formaba una parte de su medio vital.

El resto, en resumen, es bien sabido: pasen los pedazos de congrio por harina y después por huevo batido; recuerden que, cuando menos en castellano, el orden de los elementos que utilizamos para rebozados coincide con el alfabético. Pongan aceite en la sartén y, cuando esté caliente, vayan friendo en él los dados de congrio hasta el momento en que estén apetitosamente dorados por fuera y continúen jugosos por la parte interior. Y ya está ya listo para comer acompañado de unas hojas de lechuga -intenten que no sea “iceberg”, que es como comer papel de celulosa- aderezada con un chorrito de aceite virgen y unas gotas de jugo de limón. Ya van a ver lo rico que está el congrio.

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