¿Cómo lidiar con un niño que no quiere comer?

Según el especialista Benny Kerzner, del Children’s National Medical Center, de la Universidad de Washington, diversas investigaciones muestran que entre el 50 y el 60 por ciento de las madres de todo el mundo se preocupan porque al menos uno de sus hijos no está comiendo lo suficiente.

Pero no más que el 30 por ciento de los niños del mundo realmente come poco, y sólo en casos raros, de 1 a 2 por ciento, el problema se debe a algo más grave, como el inicio de un trastorno de la alimentación o de alguna causa física.

Otro elemento a tener en cuenta es que hay niños que comen poco porque son naturalmente pequeños (y no lo contrario). No son pequeños y delgados porque no comen. Sólo necesitan comer menos que los demás porque son más pequeños y más ligeros.

Recuerda también analizar la forma en tu hijo viene comiendo en el transcurso de una semana o más, no sólo basándose en uno o dos días. Lo importante es tener una idea global de lo que consume.

Piensa también en lo que ofreces por alimentos, y si no es que te encuentras ofreciendo en casa más dulces y comida chatarra que arroz, frijoles, verduras y carne.

A veces vale la pena hacer un diario de la alimentación de tus hijos, anotando todo lo que consumen durante el día y la noche (no sólo el tipo de alimento, sino también la cantidad), así es más fácil mostrar al médico la evidencia de que tu hijo, de pronto, ha dejado de comer como lo hacía normalmente.

Relación saludable con la comida

Ayuda a tu hijo o hija a crear una conexión sana con la comida desde bebé. Por lo tanto, no utilices alimentos (dulces o salados) como método de castigo, presión o premio, porque estos comportamientos pueden crear asociaciones peligrosas en la cabeza de los niños que aún no tienen la madurez ni el vocabulario necesario para lidiar con dudas y frustraciones.

Forzar a un niño a comer cuando no tiene hambre no es buena idea. Lo mejor que se puede hacer es ofrecer opciones saludables durante las comidas y dejar que se guía por sus mecanismos internos de hambre o saciamento, algo que todos tenemos y debemos respetar.

Es muy importante que no se interfiera con la relación natural del cuerpo con la comida. U como puedes imaginar, esto va a exigir mucho autocontrol de tu parte.

Evita clasificar los alimentos como “cosas que engordan” o “que no engordan”; es preferible enseñar a tu hijo a diferenciar entre lo que es sano y lo que no lo es. El enfoque en el peso acaba interfiriendo en la imagen corporal, en vez de en la real función de la alimentación: proporcionar salud y vigor para que él pueda jugar, crecer y aprender sanamente.

No te sorprendas si pasa días o incluso semanas comiendo sólo uno o dos tipos de comidas. Parte del motivo es que los niños suelen preferir alimentos conocidos; otra razón es que no deja de ser una forma de ejercer su independencia.

El secreto es mantenerse firme y seguir poniendo en el plato una variedad de otros alimentos nutritivos, sin presionar a tu hijo a comerlos. Esto le dará la oportunidad de tomar decisiones simples y ejercer un poco de independencia a la hora de comer.

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