Combate la depresión con la alimentación

Una nueva línea de investigación muestra que la dieta hace mucha diferencia en la batalla contra el trastorno que sacude el estado de ánimo y la disposición.

Hasta hace poco tiempo, era impensable ir a una convención de psiquiatras para el seguimiento de conferencias sobre alimentación. Hoy, sin embargo, la nutrición está ganando terreno en el campo de los estudios de la mente. Desde 2009, una línea de investigación traza un vínculo íntimo entre la composición del plato y el surgimiento de la depresión.

En el último Congreso de la Asociación Americana de Psiquiatría, hubo un módulo totalmente dedicado a este tema. Durante su exposición, el psiquiatra Drew Ramsey, profesor de la Universidad de Columbia, en los Estados Unidos, llegó a presentar una gama de nutrientes esenciales en la prevención y en el combate a la enfermedad.

Según él, omega-3, magnesio, fibra, zinc, hierro, además de las vitaminas C, B1, B9 y B12 deben ser los aspectos más destacados de la mesa para ahuyentar el ya llamado mal del siglo, cada año, 100 millones de personas desarrollan síntomas evidentes de la enfermedad. En resumen, el experto sostiene una dieta rica en hojas verdes, frutos secos y pescados. “En algunos estudios, la comida correcta disminuyó en un 50% el riesgo de depresión”, dice Ramsey.

De hecho, las pruebas de que la mente sufre si no prestamos la debida atención en los alimentos son cada vez más fuertes. Entre las tristes consecuencias de ello están la falta de neurotransmisores y fallas en la comunicación entre las neuronas. Son cambios que, según la profesora, elevan la probabilidad de enfrentar desórdenes mentales, como la depresión.

El patrón alimentario que sobresale contra las sombras de la melancolía es la famosa dieta mediterránea, abundante en pescados, nueces, cereales, granos integrales, vegetales en general y aceite de oliva. Ella es la estrella de una larga investigación con cerca de 7 400 participantes, del estudio español Predimed.

El trabajo se centra en las enfermedades cardíacas, pero los autores también recogieron datos acerca de la depresión. Al analizar específicamente sobre este tema, los estudiosos de la Sociedad Internacional para la Investigación en Nutrición Psiquiátrica (ISNPR, en sus siglas en inglés) observaron un vínculo claro entre el menú mediterráneo y la prevención del trastorno mental – especialmente entre los diabéticos.

Alimentación contra la depresión

Alimentación contra la depresión

“Una dieta de mejor calidad ha sido siempre asociada a un menor riesgo de depresión”, atestigua Felice Jacka, presidente de la ISNPR y directora del Centro de Alimentación y estado de Ánimo de la Universidad de Deakin, en Australia. La ISNPR ya marcó para julio de 2017, en Washington, la capital estadounidense, el primer congreso internacional para discutir la influencia de la alimentación en desordenes psiquiátricos. Una prueba más de que la cabeza tiene sus propias demandas en la mesa.

El punto fuerte de una rutina alimentaria equilibrada es evitar que el organismo esté bajo estado de inflamación. “En este escenario, se presenta la inhibición del llamado factor neurotrófico, responsable de estimular la formación de nuevas neuronas”, explica el doctor Sergio Tamai, de la Asociación Brasileña de Psiquiatría. Varios experimentos indican que las irregularidades en este proceso incitaron a cambios depresivos.

Ciertos nutrientes tienen una afinidad especial con la masa gris. El omega-3, la grasa buena que se obtiene de los peces, por ejemplo, no fue citada al azar en la escala del profesor Ramsey. Es sumamente benéfica con las neuronas. Esto, porque su membrana está formada por ácidos grasos, nombre técnico de las grasas.

“Está claro que la deficiencia de vitamina B12, que se encuentra en carnes, y de ácido fólico, presente en frutas y verduras, está vinculada a las manifestaciones depresivas”, informa Tamai. El psiquiatra cuenta que, a veces, es preciso incluso recurrir a las cápsulas para corregir estas fallas.

Otro nutriente que merece mención es la vitamina C. En el Laboratorio de Neurobiología de la Depresión de la Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC), el equipo liderado por la farmacéutica Ana Lucía Rodríguez observó que el nutriente no sólo ha optimizado la actuación de medicamentos antidepresivos, sino que tuvo un efecto pro-humor en animales. En las personas deprimidas, probablemente las dosis necesarias para ello tendrían que ser mayores que las obtenidas por medio de la comida. “Pero, para evitar estos síntomas, podemos enfocarnos en la alimentación”, afirma Ana Lucía.

“Siempre es ventajoso mantener buenos hábitos alimenticios”, señala Gary Wenk, profesor de psicología y neurociencia de la Universidad del Estado de Ohio, en los Estados Unidos. Para el autor del libro Your Brain on Food (“el cerebro bajo la acción de la comida”, en traducción libre), los suplementos tienden a ser inútiles en términos de prevención.

Es que el cerebro no responde a un exceso de vitaminas, minerales y compañía. Por otro lado, Wenk refuerza que la masa gris se resiente con la ausencia de nutrientes críticos. Los carbohidratos están en la lista. Después de todo, ellos se transforman en glucosa, que da energía a la cachola funcionar. “Las dietas que restringen este nutriente causan un estrés enorme para el organismo”, asegura Mariana. La mejor versión es la detectada en frutas, oleaginosas, granos y cereales integrales.

Alimentos más naturales e integrales suelen hallarse llenos de fibra, elemento que también presta servicio a nuestra cabeza. Sólo que la acción no es tan directa. Lo que ocurre es que estas sustancias afectan, allí en nuestro vientre, la composición de la microbiota intestinal, dejándola con un perfil de bacterias positivo.

Y ya hay evidencias contundentes de que poblar la flora con residentes, digamos, bondadoso, no sólo fortalece el sistema inmunológico, sino también favorece el bienestar del cerebro. ¿Crees que es una exageración? Pues ya se realizó una investigación en la que las bacterias localizadas en la microbiota de un sujeto depresivo fueron transferidas para el intestino (hasta entonces estéril) de un ratón. “El roedor pasó a estar depresivo”, cuenta Ana Lucía.

Una dieta con características inflamatorias es tan nociva que las consecuencias parecen superar generaciones. Quién ha descubierto esto es el nutricionista Cristiano Mendes da Silva, del Laboratorio de Neurociencia y Nutrición de la Universidad Federal de São Paulo, en el campus de la Baixada Santista.

Después de ofrecer una dieta rica en grasas saturadas a los conejillos de indias durante el embarazo o la lactancia, se dio cuenta de que el cerebro de los hijos salió perjudicado. “Además de retraso en el desarrollo de ciertas habilidades, observamos un comportamiento más propenso a la depresión”, revela el experto.

Felice, de la ISNPR, llegó a la misma conexión, en un estudio con más de 20 mil mujeres y sus niños. “Los hijos de aquellas que tenían una dieta desequilibrada en la gestación presentaban más actitudes relacionadas con desórdenes mentales”, describe. “Entender esto es importante si queremos prevenir este tipo de enfermedades”, afirma. Para ella, tiene una historia que carece de determinación urgente: el papel de la comida saludable en el curso del tratamiento de la depresión.

La expectativa es alta en este campo. En un estudio realizado en Estados Unidos, los científicos reclutaron a ancianos con síntomas depresivos para probar una nueva forma de psicoterapia. “En general, estas personas tienen un riesgo aproximadamente 4,5 veces mayor de enfrentar la depresión propiamente dicha”, contextura Felice.

Sucede que los autores del trabajo han decidido comparar a tal terapia con un asesoramiento dietético – ellos pensaban que las visitas al nutricionista serían infructuosas en esta situación. Porque el equipo se sorprendió al descubrir que las modificaciones a la mesa fueron tan eficientes como la psicoterapia para frenar el avance de la enfermedad.

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