Alimentos y emociones

Para que los alimentos nos aporten energía y mejoren la salud, es necesario desligar el acto de comer de cualquier carencia afectiva o inquietud emocional.

Concentrarse en el acto de comer en sí, a veces no resulta fácil, porque desde niños nos han habituado a asociar los alimentos con emociones, que tienen poco que ver con sus cualidades dietéticas o gastronómicas.

Muchos de nuestros recuerdos, buenos o malos, están íntimamente ligados con la comida: sabores olvidados que un día redescubrimos con sorpresa, alimentos a los que nos resistíamos con tenacidad y que ahora somos capaces de apreciar, comidas memorables que coincidieron con el algún momento especial …… Pero más allá de estas metas, la alimentación se compone en gran medida de rutina, y en eso cada persona tiene unos patrones propios.

Vínculo afectivo con la comida

La psicóloga María Selva Basualdo, habituada a trabajar con personas que padecen trastornos alimenticios, señala que la forma de comer se gesta durante la más tierna infancia.

El bebé recibe sus primeras impresiones del mundo, mientras succiona la leche de su madre o de un biberón.

La seguridad y el contacto íntimo que experimenta, son el mayor vínculo am su vida a la placenta.

Descubre también que la leche calma su ansiedad y le proporciona bienestar, y así empieza a instaurar un acto reflejo: comida para superar una emoción. El chupete cumplirá una función similar al calmarle el llanto.

Con el tiempo, los adultos le ofrecerán una galleta para consolarlo el día que se haga daño, y le prometerán golosinas si se lleva bien.

Comer con gusto los alimentos que necesitamos

Comer con gusto los alimentos que necesitamos

Boca y sistema nervioso

En este proceso de asociación de la comida a las emociones externas, la boca desempeña un papel fundamental. Es un órgano muy ligado a los sentimientos: por ella expresamos nuestros afectos y, a la vez, es la vía por la que entran los alimentos en el cuerpo. La conexión de este órgano con el sistema nervioso es evidente.

Si a medida que el niño crece no se orienta correctamente esta relación entre comida y amor, se corre el riesgo de que termine utilizando el alimento como compensación de la falta de efecto, para calmar otras emociones que le producen estrés o para manifestar su rebeldía, por ejemplo empeñándose en rechazar alimentos que sus padres valoran de manera especial.

En una sociedad donde, “sobran los alimentos pero escasean los afectos“, la comida muchas veces sirve para llenar el vacío que provocan las relaciones sociales.

Comiendo hamburguesa

Comiendo hamburguesa

El papel de la serotonina

En nuestro país el pan y el arroz (integrales) son dos alimentos básicos que pueden contribuir de manera fisiológica a calmar la ansiedad, porque además de ser saciantes (que sacian) producen un efecto relajante.

Las situaciones de estrés generan un hambre que no es física sino psíquica y que responde a la necesidad de consuelo y bienestar. Actualmente esto se atribuye a que el estrés reduce las reservas de serotonina, << un neurotransmisor vinculado estrechamente con las sensaciones de placidez, bien estar emocional y saciedad >>.

La carencia de serotonina genera una inquietud que lleva a comer en exceso y no es siempre fácil de dominar.

No todos los alimentos permiten aplacar esta hambre. Solamente los hidratos de carbono complejos (pasta, arroz, pan, cereales), preferentemente integrales, favorecen la producción de serotonina de manera eficaz y duradera.

Las frutas son los únicos alimentos ricos en carbohidratos que no alivian el estrés, ya que no disparan la secreción de serotonina. Por eso el hambre psicológica persiste después de haber comido fruta.

Los caramelos de colores no son precisamente alimentos

Los caramelos de colores no son precisamente alimentos

Los alimentos dulces no ayudan

Los hidratos de carbono simples (energía rápida), estimulan sobre todo la secreción de insulina por el páncreas, el cual aumenta los niveles de glucemia y proporciona una sensación de bienestar. Recurrir a los dulces (hidratos de carbono refinados) para aligerar la mezcla de apetito y ansiedad es inadecuado, ya que si bien la glucosa estimula una secreción extra de insulina que proporciona satisfacción, el nivel de azúcar vuelve a bajar rápidamente hasta situarse por debajo de lo recomendable. Con ello se entra en un círculos vicioso: el organismo vuelve a pedir dulces para subir la glucosa porque realmente lo necesita y así sin parar.
Para superar estos estados de hipoglucemia el aconsejable sería tomar hidratos de carbono integrales de manera continuada. Por ejemplo hacer una mono-dieta de unos cinco días a base de arroz integral, para estabilizar la función del páncreas y superar la << adicción >> a los dulces.

Vitaminas y minerales muy importantes

Al refinar los alimentos (harina, pan, pasta, azúcar, arroz, etc. << blanco >> “no integral”), la industria les priva de algunas vitaminas y minerales, muchos de ellos cruciales para el sistema nervioso. Así estos déficit pueden llevar a situaciones de: problemas de digestión por falta de vitamina B1, irritabilidad y desánimo por falta de B6, la falta de B9 (ácido fólico) se asocia estrechamente con la depresión, los altibajos emocionales por falta de B3 , la carencia de zinc con baja tolerancia al estrés, el déficit de cromo se traduce en una sensación de ansiedad que puede llevar a la ingesta compulsiva de dulces para aumentar la secreción de insulina, la falta de magnesio se traduce en irritabilidad y inquietud y la falta de yodo se asocia a la fatiga y apatía. Con déficit comemos más para paliarlos, sin resultado.

Las personas que adoptan regímenes biológicos e integrales suelen quedar sorpresas por la sensación de serenidad y de estar centradas que les proporcionan.

Test para evaluar la actitud ante la comida

Es cuestión de contestar, si o no, a las siguientes preguntas:

1.- ¿Tienes tendencia a comer de más cuando no puedes controlar una situación?
2.- Si te sientes bajo de ánimos, ¿un trozo de chocolate o unas galletas te alivia momentáneamente?
3.- ¿Comes alguna vez por aburrimiento?
4.- ¿Te levantas alguna vez por las noches para comer? (Un apunte al respecto: cada vez hay más personas que lo hacen, por lo que este trastorno alimentario se está transformando en un problema de salud a nivel social).
5.- ¿Tienes tendencia a comer más en alguna de estas situaciones: los domingos por la tarde, los días tristes y oscuros, cuando estas solo y sientes la necesidad de evadirte o compartir?
6.- ¿Estás sientes mal después de haber comido en exceso o intentas compensarlo no cenando?
7.- ¿Comes con ansiedad o más de la cuenta cuando eres sin cansado, por ejemplo después de una jornada de trabajo sedentario e intenso?

Si se contesta afirmativamente a más de dos preguntas estás entre la mayoría, pues es muy rara la persona que nunca haya cedido a la necesidad impulsiva o emocional de comer.

Si se contesta afirmativamente a más de cuatro preguntas, es signo inequívoco de que intentas calmar tu ansiedad, la falta de aprecio o autoestima comiendo más de la cuenta. Has de intentar corregir sin falta este hábito, ya que puede ser perjudicial para tu salud, aunque no lo percibas.

El placer de comer

Cuando una persona está estresada o tiene sensación de carencias de efecto y por tanto angustia, segrega más adrenalina de lo normal que puede dañar su estómago, o menos serotonina lo que hará que se sienta decaída. De esta manera se puede empezar a establecer un vínculo emocional, íntimo e intenso con la comida, utilizándolo como sustituto o fuente de placer para paliar momentáneamente las situaciones anteriores.

En este caso, la comida, tiene que pasar de ser el problema a ser la solución. (De hecho la solución real está en identificar e incidir en el problema que provoca los desequilibrios emocionales). Bien administrados los alimentos aplacan el hambre física, nutren el cuerpo, mejoran la salud y calman el hambre emocional. Aprender a desatar la actitud en verso la comida de cualquier carencia efectiva, hace que la persona se sienta serena, agradecida de poder obtener placer del sabor de los alimentos y del don que ello representa.

Si somos conscientes de que todos los alimentos que comemos son una fuente de energía, que entra en el organismo y puede influir en la conciencia, ningún alimento nos podrá resultar indiferente.

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