5 preguntas y respuestas sobre el ejercicio físico en personas con VIH

¿Todo paciente puede entrenar? ¿Cuáles son los beneficios y los límites? Hemos consultado estas y otras preguntas con un especialista, quien nos aclarará las dudas más frecuentes sobre el ejercicio físico y el VIH.

Desde los primeros casos de infección por el virus del VIH, la asociación entre el entrenamiento físico y la defensa del organismo (inmunidad) ha sido objeto de preocupación y estudio. Inicialmente no recomendado, hoy viene siendo cada vez más considerado como una estrategia de terapia no farmacológica para los pacientes. Esto gracias al avance del conocimiento sobre la enfermedad y la evolución de las medicinas.

En este contexto, se hace necesario el esclarecimiento de sus ventajas y limitaciones, con vistas a la práctica de forma adecuada y, principalmente, a la adquisición y el mantenimiento de un estilo de vida saludable. A continuación, resumimos algunos puntos importantes sobre el entrenamiento físico y el VIH en la forma de respuestas a las cinco preguntas más recurrentes de los pacientes.

  1. ¿Todas las personas con VIH/Sida pueden hacer ejercicio?

Se puede ejercitar aquella persona que presenta la condición física para el esfuerzo resultante del entrenamiento. Para conocer esta condición, es necesaria la realización de una evaluación médica. Además, una consulta puede minimizar los riesgos de lesión, y maximizar los beneficios (aumento de masa muscular y fuerza, entre otros) de la práctica.

Pacientes clínicamente inestables no deben incorporarse o mantenerse en un programa de entrenamiento físico. Otro aspecto importante es el siguiente: la evaluación permite la comunicación entre los profesionales y, de esta forma, el conocimiento de las potencialidades, limitaciones y necesidades de cada persona que desea iniciar un programa de entrenamiento físico.

  1. ¿El entrenamiento físico aumenta la inmunidad y sustituye a la medicación antirretroviral?

Esta pregunta puede ser dividida en dos respuestas.

a) El ejercicio y la medicación antirretroviral

El aumento de la inmunidad es el resultado de la disminución sostenida de la carga viral proporcionada por la terapia con base en los medicamentos. No existen evidencias científicas que sustenten la afirmación de que el entrenamiento reemplaza este tratamiento. Además es preciso señalar: la medicación antirretroviral (prescrita por los médicos) es la única forma de disminuir la carga viral y, como consecuencia, aumentar la inmunidad de los pacientes.

b) Actividad física e inmunidad

Existen estudios clínicos bien realizados por investigadores sobre esta temática, sin embargo no es posible afirmar consensualmente, a partir de evidencias científicas, que el entrenamiento aumenta la inmunidad.

Ejercicio físico en personas con VIH

Ejercicio físico en personas con VIH

  1. ¿Cuáles son los principales beneficios del entrenamiento?

El entrenamiento aeróbico (caminar, trotar, andar en bicicleta o nadar, por ejemplo) aumenta la capacidad cardiaca, disminuye el peso corporal y controla la fatiga. Ya el de fuerza (pesas) promueve un incremento de la masa muscular y la fuerza.

Además de los beneficios descritos anteriormente, el entrenamiento físico puede mitigar los efectos del síndrome metabólico, como la reducción de los triglicéridos, aumento del colesterol HDL (buen colesterol), mejora la resistencia a la insulina y el perfil lipídico. Son puntos importantes para toda la población, y las personas con VIH no son la excepción.

  1. ¿Existe algún beneficio si se entrena sólo un día a la semana?

No. Lo adecuado es que la persona que entrene alternativamente de dos a tres días por semana. Hacer ejercicio sólo una vez por semana no es entrenamiento; así como con la medicación, que necesita de continuidad para generar adaptación y beneficios. Aquella persona que se ejercita de forma esporádica, además de no obtener los beneficios deseados, puede exponerse a riesgos, como las lesiones musculares.

  1. ¿El dolor es sinónimo de progreso?

No. El dolor es sinónimo de alerta, que puede ser por exceso o por algún movimiento inadecuado. Es normal que, en el período de adaptación, o sea, en las primeras semanas, surja una pequeña sensación de incomodidad. Sin embargo, no impide la continuidad del ejercicio y, con el tiempo, dicha sensación se desvanece.

Finalizando, el entrenamiento físico colabora de forma consistente para el aumento de la aptitud física relacionada con la salud de las personas que viven con el VIH. Sin duda, debe ser alentado por los profesionales de la salud.

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